“No miren más a ese animal --- dijo el coronel---. Los gallos se gastan de tanto mirarlos”. -Jamás he presenciado una pelea de gallos, pero no sentir que Nicaragua es una enorme y oculta gallera, significaría que soy un extranjero recién nacionalizado. Es más, ni siquiera podría ser latinoamericano. Los gallos están tan arraigados en el sub continente, que decir lo contrario, sería avergonzarnos del plumaje de este solar llamado América.
Mario Tapia se ha convertido en una suerte de patriarca que va por los pueblos y ciudades de nuestro país, recogiendo las insólitas historias que forman parte del cuerpo social, eso mismo que da vida a nuestra agradable y generosa geografía. Y a la par de su admirable trabajo, nos descubre ese mundo detrás de las galleras y revela la tarde cultural de la que también estamos hechos y no queremos, algunos, reconocer en letras mayúsculas.
Los gallos anuncian el día, sus peleas imprimen parte de la tradición que recién se escribe, con la pluma de gallero, de este gallo llamado Mario, que va también con sus buenas nuevas, cantando la libertad de los que aman reunirse en nuestros sonoros palenques. Así, de las galleras ganamos a un historiador de alta definición, si acaso tomáramos prestados esta frase del boom tecnológico. Historiador que va al detalle de lo que otros, académicos, no lograron: una profundidad de campo en sus paisajes históricos, si recurrimos a la otra pasión de este masatepino de casta: la fotografía.
Algo inédito, o mejor dicho, un excelente producto de las galleras, es el mismo editor de la Revista “Gente de Gallos”: Mario es de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. El evangelio lo dice clarito: “Por sus frutos los conoceréis”. Es un promotor de cultura, un investigador, nunca un mensajero de vicios.
Mario tiene la valentía de denunciar a los que se esconden detrás de las plumas de los gallos y los combate con el alma, aunque esta labor no le genere ganancia, sino detractores: ¡No a las cantinas que se hacen pasar como galleras! Mario va por la pelea pura, por un ambiente inclusive familiar, y es lo que más le duele hasta hoy: que en la mayoría de los redondeles no hayan las suficientes condiciones para que lleguen los padres con sus hijos y también las esposas.
El gallo que cantó una profecía
Es bueno saber que el masatepino lucha por mejorar la imagen de estos sitios de reuniones frecuentes, para elevar las corridas a un nivel de dignidad que aún no goza en nuestra nación.
Sin los gallos y las galleras no existieran novelas de autores como Gabriel García Márquez y Juan Rufo, porque de ahí partieron esas nobles escrituras. Nunca hubiéramos conocido de Macando fundado precisamente porque José Arcadio debió abandonar su pueblo, después de un duelo de emplumados con Prudencia Aguilar, el que puso en entre dicho la hombría de aquel Buen día ante la virgen Ursula.…
No conociéramos del “Gallo de Oro”, que dio origen a la versión tele novelesca de “La Caponera”. O el guión de la película homónima del libro de Rulfo, que comienza en la feria de San Juan del Río. O el gallo que salvaría de la ruina al Coronel.